Estudios críticos...

La reescritura de la escena trágica en
Edipo Asesor de Benjamín Galemiri.



Por Karina Pardo, Universidad de Concepción


En una primera lectura del texto teatral de Edipo Asesor del dramaturgo chileno Benjamín Galemiri, escrita en 1991, nos encontramos con un mundo en el cual la obra trágica de Sófocles ha sido traída a la actualidad y puesta en escena desde ámbitos muy distintos a los que leemos en Sófocles. La historia y los personajes no se presentan del mismo modo que en la obra primigenia, ya que sólo algunos aspectos se repiten y es esto lo que da mayor intensidad y fuerza a la acción, y es, por ende lo que relaciona al personaje principal de la obra de Galemiri, con la figura de Edipo.

En efecto, el personaje de Oziel, que en este caso encarna a Edipo, persiste en el destino trágico del protagonista de la obra de Sófocles, "entonces, la verdadera tragedia se cierne sobre el atribulado Oziel": da muerte a su padre, se une a su madre, (en el caso Edipo Asesor, no en matrimonio, sino que sólo sexualmente) y es desterrado del reino, en castigo por sus acciones. Se advierte, por tanto, que son las circunstancias, las acciones, los diálogos y los personajes, disímiles de la obra de Sófocles, lo que interesa en la obra de Galemiri y lo que conforma una reescritura original e inquietante.

La obra se compone de 33 escenas, muchas de las cuales no contienen diálogos, sino que sólo se componen del discurso del acotador:

Por ejemplo, la escena 14: El abyecto estándar del discurso. Cortina: Por los parlantes del espurio palacio los neo-sofisticados y neo-enfervorizados discursos de Oziel y Jeremías apelan a los insurrectos.

Las escenas están enmarcadas por una introducción del autor, con indicaciones para poner la obra en escena, caracterizadas éstas por su ironía: "Edipo Asesor intenta batir el récord de locaciones en la historia del teatro. Pido que se respete este neo-concepto"; y por un epílogo, que indica el destino que siguieron dos de los personajes principales.

El conflicto de la obra comienza cuando el rey Saúl manda a buscar a un nuevo asesor, para hacer frente a una "guerra civil sin cuartel". Esta misión es encomendada al actual asesor llamado Jeremías, y a Judith, la amante del rey y relacionadora pública del reino. La inminente llegada del nuevo asesor provoca diversas expectativas en estos dos personajes, ya que ambos serán suplantados por él. El arribo de Oziel al castillo es espectacular (en helicóptero), y es llevado a la presencia del rey con gran opulencia. Después del intercambio de obsequios entre el rey y su nuevo asesor, se enfrentan en combate a las fuerzas enemigas. Es en la condecoración del asesor, cuando éste comienza a seducir a la amante del rey.

Durante las acciones de estas escenas advertimos en el texto, principalmente, una especie de "bombardeo verbal", en el cual el diálogo es especialmente veloz. Esto se ejemplifica en las conversaciones de Judith y Jeremías:

Judith : ¿Llegó?
Jeremías : ¿Quién?
Judith : ¿Viene solo?
Jeremías: ¿Solo?
Judith : ¿Está agitado?
Jeremías: ¿Destemplado?

En Edipo Rey podemos ver una forma similar de diálogo sólo cuando el personaje principal se encuentra en estado de desesperación por conocer las terribles verdades que el destino le tenía deparado. Por ejemplo, cuando Edipo cree que es Creonte el que planea una estrategia para despojarlo de su trono:

Creonte : Gobiernas esta tierra con poderes iguales.
Edipo : Ella obtiene de mí siempre cuanto desea
Creonte : ¿Y no soy yo, el tercero, el igual de vosotros?
Edipo : En eso justamente tu maldad se evidencia.

Por cierto que no podemos asemejar la rapidez del diálogo de Edipo Asesor al de Edipo Rey, y es este aspecto el que tiene relación al teatro eminentemente verbal que Galemiri propone en esta obra. Este tipo de teatro permite según Sergio Pereira "llevar adelante (a la obra) sus juegos lúdicos interminables", que en Edipo asesor son caracterizadores, "afirmando y, a la vez, negando la validez de los seres y de las cosas de este mundo". En la obra de Galemiri, las palabras fluyen tan rápidamente que su intelección se dificulta, por lo que el lector o virtual espectador debe descubrir el carácter de los personajes, así como las acciones y sus verdaderas intenciones. Con esto me refiero a la fuerza y al dinamismo que adquieren las palabras en esta obra. Aunque se trate de un mero diálogo de interrogaciones entre personajes, algo de su interioridad se está reflejando y, de este modo, se dan a conocer, no sólo entre ellos, sino que también al lector del texto, o al espectador de la obra.

A pesar de la importancia del dialogismo, en Edipo Asesor también son relevantes los espacios en que se desarrollan las acciones, aunque sólo una de ellas se distingue por su semejanza con la obra de Sófocles: el castillo, donde Saúl es dueño y señor. Este castillo, como todos los espacios se caracterizan por su opulencia, y pueden identificarse como postmodernos por su infraestructura tecnológica y extravagante. Ejemplos de los cuales son: el avión real, en que se desplazan los cercanos del rey "navegando" en Internet; el helicóptero de la familia real, donde traen al asesor Oziel; el sauna de palacio, donde dialogan Oziel y Jeremías; el salón real; la piscina palaciega, en que Saúl dice confiar ciegamente en su nuevo asesor; el campo de batalla, donde se utilizan metralletas Uzi; el harén del monarca y, por su puesto, las habitaciones tan peculiares que Oziel y Judith utilizan para sus relaciones sexuales. Así, advertimos un intertexto con la obra de Sófocles, pero en una forma renovada a través de exageraciones e ironizaciones del espacio.

El personaje de Judith difiere muchísimo del de Yocasta. Judith es la amante, no la esposa del rey, y además es una de las tantas empleadas del reino. En lo que concierne a su carácter, Judith es intrigante, dominante y perversa, contraria a Yocasta, sumisa y obediente:

Judith : (a Jeremías) De pronto usted se reduce ante mis ojos ¿Lo ama? ¿Lo detesta? (...) El Rey lo ama. El Rey nos ignora. El Rey sólo tiene ojos para el asesor. El asesor no ama al Rey. El asesor lo odia. Nosotros amamos al Rey.

Yocasta : Señores de nuestro mundo, yo deseo venir a orar a nuestros templos sagrados; a traeros coronas y a ofreceros incienso. Edipo tiene el alma trastornada, angustiado por este cúmulo de incertidumbre y pena.

En estas citas podemos advertir la diferencia de caracteres de ambas mujeres, aspecto que tiene su mayor provocación en el hecho de que en la obra de Galemiri la unión sexual entre la madre y el hijo es deliberadamente explícita, y no silenciada como en Edipo Rey, a través de la sola enunciación del matrimonio de Edipo y Yocasta, y de la presencia de los hijos, producto de tal unión. En efecto, Galemiri en un acto de provocación máxima llama a la unión entre Judith y Oziel: Los cinco embates sexuales. El concepto embate se percibe en forma violenta y descarada por el lector, y comprueba que a los personajes sólo los mueve el deseo sexual y ninguna otra fuerza. Estos cinco embates sexuales ocurren en forma sucesiva en el mismo palacio, pero en distintos lugares de éste, con distintos tipos de comida y de tragos y, por cierto, con diversas maneras de llevar a cabo cada relación o embate sexual.

- Primer embate: sala de audiencias del palacio
- Segundo embate: cocina real.
- Tercer embate: ducha real.
- Cuarto embate: estacionamiento palaciego.
- Quinto embate: interior del mercedes blindado.

Cada uno de estos embates sexuales tiene su respectivo y extravagante orgasmo, pero los protagonistas no saben que están siendo filmados por "el infame Jeremías, oculto tras un vidrio falso (...) a tres cámaras con acoplamientos". El Rey, por lo tanto, es testigo de la infidelidad de su amante, gracias a las grabaciones de su ex asesor. En castigo, destituye a Oziel y castiga a Judith con 99 latigazos.

Estos hechos implican una de las principales diferencias de la tragedia de Edipo y la obra de Galemiri. El rey es testigo presencial del incesto entre su amante y su hijo, por lo tanto, es Saúl, el personaje directamente afectado. Contrario es en la obra de Sófocles, donde es Edipo la víctima de su destino trágico. Razón por la cual se puede justificar el nombre de la obra: Edipo como un asesor, un súbdito que quiere venganza, que quiere ser el rey.

Sin embargo, el destino trágico de ambos Edipos, que es la acción de reconocer el incesto con la madre, es el hecho que se repite en ambas obras y con similares efectos conmovedores para el lector o espectador de ella. Aunque en la obra de Galemiri se presenta de una forma sarcástica, en la burla que el padre hace del hijo:

Saúl : (...) Lo acontecido con vos es pragmático y trágico. Os habéis expresado y comportado oscuramente con Judith, vuestra madre. Un secreto sólo entre vos y yo ¿me entendéis?

Edipo : (...) ¡Todo al fin está claro! Es cierto que nací de quienes no debía, que me uní con una mujer que me estaba prohibida.

Este reconocimiento es crucial para Oziel, puesto que no estaba en sus planes encontrarse con su propia madre ni mucho menos fornicar con ella. Su propósito era de venganza por haber sido, desde pequeño, abandonado por sus padres, por tal razón seduce a Judith, y no se siente arrepentido. Además increpa a su padre por tal abandono:

Oziel : Rey, usted me lanzó a las aguas del Mapocho. ¿No se acuerda? ¿O se acuerda? (...) Una vez que vio a su hijo destetado.

Y sobre la infidelidad con Judith, Oziel le responde al rey:

Oziel : ¿Me va a sacar del servicio diplomático? Me extralimité. Acosé. Forniqué. Las cien posiciones benditas apliqué. Y lo pasé chancho. Lo pasé caballo.

Edipo, en cambio, por el hecho de conocer los secretos terribles de su ascendencia en forma simultánea, de que él había sido, en el pasado, el asesino de su padre y que se había unido en incesto, sin saberlo, a su madre, evidencia tal desesperación por las acciones cometidas, que además tienen directa repercusión en el pueblo, azotado y castigado por los Dioses, con una mortal peste.

Oziel conoce que el rey es su padre después de haberlo herido con un puñal (Discurso del acotador: "El rey Saúl se desangra con un puñal clavado en el pecho. Oziel ha cumplido con su fatídico destino"), y de él se apodera una ansiedad de poder, ya que si su progenitor muere, el trono le corresponde a él. Así es como su venganza puede completarse a la perfección:

Oziel : Es bueno que hablemos (...) Todo está predestinado. Soy el heredero legítimo del trono. ¡Dame tu trono padre!

No obstante, descubrir que Judith era su madre, despierta en Oziel una desesperación muy parecida a la de Edipo, ya que el destino le ha jugado una mala pasada. En este momento del texto, se ha producido un diluvio, y el castillo se está inundando. Mientras el trono flota en el agua, Saúl, moribundo, pero tranquilo ante la cercanía de la muerte descubre toda la verdad a Oziel sobre su procedencia. El asesor, ante estos acontecimientos, termina de matar a su padre, teniendo conciencia de todo, es decir, sin ningún secreto más que develar: Discurso del acotador: "Oziel se encarama angustiado al trono de su padre, le arrebata la corona, incrustándosela en el pecho".

Siguiendo las reacciones de Edipo, Oziel ante todos estos sucesos, se saca los ojos bajo el agua. En este momento, el texto demuestra una subversión a la obra de Sófocles, ya que esta acción es denominada como "melodrama químicamente puro". Además, el texto dice que Oziel se saca "cómicamente" los ojos, revirtiendo la solemnidad del castigo que Edipo se auto infiere "reventando (sus ojos) utilizando un broche de oro", para no ver las calamidades que él y su destino han provocado.

Oziel es desterrado del reino, guiado por quien fuera su enemigo, el ex asesor Jeremías, figura semejante, en este caso al personaje de Corifeo, el fiel súbdito de Edipo, quien lo guía en su ceguera. Asimismo, son similares la desolación y la desesperanza que se apoderan de ambos personajes que evidencian en el diálogo con sus guías:

Edipo : ¡Amigo, camarada, que ahora eres leal y aceptas ser mi guía todavía!
Corifeo : ¡Oh! Tú que osaste destruir tus ojos: ¿Cuál fue el dios que te empujó a semejante delito?
Oziel : Padezco horrores.
Jeremías : No exagere.
Oziel : Soy huérfano.
Jeremías : Lo sé.
Oziel : Si atrapo a ese maldito sentimiento que me hizo sufrir. Sufrir y me apena.

El epílogo de la obra muestra a un Oziel desquiciado, frente al televisor que su padre le había obsequiado, e irónicamente, utiliza la corona como antena. Su locura se advierte en el infierno que dice estar viviendo, y en la repetición de que todo "es oscilante. Como mi estado de ánimo".

El coro designa a Oziel como "Edipo Narciso", ya que en este momento de su vida sólo le preocupa aumentar el tamaño de su miembro viril y su estatura, y poder ver a las mujeres y la televisión, para lo cual sigue respectivos tratamientos.

En tanto, Judith no sigue el destino de Yocasta, quien se suicida cuando conoce todas las verdades, sino que, en un principio, permanece en el reino junto a Jeremías, y ambos recuerdan y extrañan al depuesto asesor: "un asesor así nos faltará, nadie llenará su feeling, nada repletará su impronta, ya no seremos los mismos sin él".

El verdadero castigo que Judith recibe, aparte de los 99 latigazos que el rey le propina, es lo que en el texto se denomina "la neo-bulimia". Se trata de que esta mujer ha aceptado unirse permanentemente con Oziel, llevando un tratamiento para sentirse madre y otro para olvidar el incesto. En estas acciones se advierte la locura que se ha apoderado de la figura de Judith, quien repite la misma frase de Oziel: "es oscilante. Como mi estado de ánimo

Judith ha sido coronada como reina, y Oziel puede ver en algunas ocasiones. La obra concluye con la aceptación del incesto por ambos personajes, descubriéndose su demencia en la intención desquiciada de comer kilos de maní y de helados, y de ver (cita) "doce mil horas de televisión cableada". Madre e hijo reconocen el incesto, pero lo admiten como su destino, y como su castigo.

De esta forma, abordamos un texto teatral inquietante, que reescribe la obra de Sófocles, por la ironización de los personajes y de sus acciones. Así, se da paso a la modernización de los personajes, ya que aunque no son elevadas ni superiores, siguen estando motivadas por la adquisición del poder y por la venganza.

En conclusión, estamos en presencia de un texto que motiva su lectura, ya que inquieta y deslumbra por su ironía, la rapidez de sus diálogos y el carácter extraño, conmovedor, y hasta cómico de sus personajes. Esta obra de Benjamín Galemiri, mezcla una serie de elementos, que pertenecen a la obra de Sófocles y otros que la actualizan y la revitalizan, configurando un texto de gran valor para la dramaturgia chilena, por la innovación y audacia que presenta, como ejemplo de la calidad de la escritura teatral con que se cuenta en nuestro país.

BIBLIOGRAFÍA

- Sófocles : Edipo Rey, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1984.
- Galemiri, Benjamín : Edipo Asesor, en revista electrónica de teatro CELCIT: www.celcit.org.ar
- Pereira, Sergio : "Algunas consideraciones sobre el teatro chileno actual" en revista Literatura y Lingüística, N°10, año 1996.



Publicado en Cyber Humanitatis Nº 29 (Verano de 2004). Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.