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A mí, ningún presidente me nombraría ministro de Cultura

Benjamín Galemiri propone tomarse TVN y habla además de poder y sexo, grandes temas de su obra.

El dramaturgo acaba de estrenar “Karl Marx: año zero”, historia donde el filósofo alemán es candidato presidencial en Chile.

Publicado por Las Ultimas Noticias, el 3 de diciembre de 2017
Por Jazmín Lolas E.

La muy antigua y conocida costumbre que tiene Benjamín Galemiri de escribir en cafés no refleja necesariamente a un hombre de rutinas ultra rígidas: con los años, el dramaturgo ha buscado variedad y se ha desplazado entre locales de Providencia y Las Condes para instalarse con su notebook. El último, su predilecto, es el Quererte, de avenida Colón. A ese lugar -donde lo tratan como rey, “como niño símbolo”, dice-, Galemiri llega cada día a las 7 de la mañana y, aparte de trabajar, perpetúa una tradición familiar que le inculcaron su abuelo y sus tíos. “Iban a los cafés a cada rato y me llevaban, incluidos esos donde atendían niñas, porque mis tíos eran unos frescos. Tú sabes que yo soy judío y los judíos son todos unos frescos, como el Weinsten (Harvey Weinstein, el productor de Hollywood acusado por acoso y abuso sexual).

Cuando empieza la jornada, lo primero que hace el autor es leer los diarios: los chilenos, los europeos y también los norteamericanos para estar al tanto de la agenda “del tonto de Trump”. Luego revisa y responde correos, entra en fase creativa, como la define, y observa a los clientes, hombres y mujeres que estimulan ideas para sus textos. Las mujeres, ya se sabe, son las que tienen mayores posibilidades de captar su atención.

“Tengo una fijación con ellas, como un viejo medio verde, aunque no hago nada malo, al contrario de Weinstein. Me interesan eróticamente hablando, pero también como tipo humano, como metáfora de Chile. Para mí, la cosa intelectual es fundamental. Si una mujer me agarra intelectualmente, estoy perdido”.

Además de estudiar detenida-mente al prójimo que llega a su “oficina”, Galemiri ha estado estos días muy pendiente de quienes van a las funciones de su obra Karl Marx: año zero, que se presenta en Matucana 100. “Llegan marxistas con sentido del humor”, cuenta.

Si bien publicó esta pieza el 2015, el dramaturgo esperó la contingencia electoral de este año para estrenarla, porque en su historia el filósofo alemán vive en la actualidad y es un candidato presidencial al que se pelean la izquierda y la derecha, pero que decide lanzarse como independiente. Entre los aspectos de la biografía del autor de El capital, Galemiri le ha hincado el diente a la relación que tuvo con su empleada, de la que nació un hijo que abandonó y que crió Engels.

“Yo estudié filosofía y admiraba a Marx porque escribía como los dioses. Es muy místico, como un profeta, me atrajo mucho, aunque lo que él propuso llevó a destrucciones físicas, y eso no me gusta. Siempre pensaba: ‘Algún día tengo que hacer algo con Marx, pero algo seductor’. Y ahí está: en la obra nació en el barrio Bellavista, hace talleres y las niñas lo ven como cantante rock. Hay que tomarle un poco el pelo y tomárselo en serio, a la vez”, dice el escritor, que no es marxista ni derechista. “Yo soy un anarquista creativo de café. He sido concertacionista, porque hay que serlo. La Concertación se ocupó no sólo de mandar a la mierda a Pinochet, algo muy importante, sino que también se ocupó de la cultura. Creó el Fondart, que es un gesto revolucionario. Yo hacía cine en la época de Pinochet y financiaba las películas con colectas. No había apoyo”.

-¿Qué sería hoy revolucionario culturalmente?

-Tomarse TVN sería un gesto revolucionario. Que todos los proletas, unidos a pequeños burgueses como yo, se encerraran adentro unos dos o tres años, sin tener comunicación con sus familias, e inauguraran una programación de vanguardia, con las mejores series y películas. Una cosa que reviente el país. Sería potente. A mí, ningún presidente me nombraría ministro de Cultura. “Chuta, qué ira a hacer Galemiri”, pensarían.

-El poder y el sexo han sido el sustento de tu obra. Ya que has mencionado dos veces a Weinstein, ¿cómo crees que ha evolucionado ese tema?

-Siempre he dicho que, industrialmente, el mundo ha progresado de alguna manera, pero en términos morales no hemos avanzando ni un milímetro. La equidad entre hombres y mujeres es imposible, a pesar de que las mujeres son mucho más inteligentes que los hombres. Para mí son unas diosas, para otros no, como Weinstein, que es un cerdo machista, amparado por el dinero. Yo sabía eso de Hollywood, siempre fue así. “Te acuestas conmigo, tienes el papel”. Creo que ahora esas mujeres se pusieron de acuerdo, ninguna se habría atrevido sola. Las habrían tratado de loca. Pero la equidad es un espejismo. Por eso en mi obra sigue la lucha entre ambos sexos.

Erotismo de verano destinado al fracaso

Lo que sucede en las obras de Galemiri, autor de textos como “El coordinador”, “Infamante Electra” y “Edipo asesor”, es espeluznante y humorístico o amable a la vez, según su propia definición. “Eso tiene que ver con mi padre, que por un lado era todo caricias y por otro me golpeaba hasta sacarme sangre, y también con Pinochet, que era visto como un mesías, regalaba casas y mandaba a matar”, dice el dramaturgo, que ahora está escribiendo una novela.

Será la segunda de su trayectoria, que cuenta con una “petit román” -Galemiri a veces habla en francés y culpa a su lado snob- cuyo nombre es “Las cascaras del ser”. La nueva “tendrá una historia erótica, con un comentario potente sobre la sociedad. Según mi editora será un hit y yo digo que será un fracaso. Estoy a punto de titularla ‘Chilean summers’, pero no estoy seguro todavía”.