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Sobre el Edipo Asesor de Galemiri
Por Magaly Muguercia
(Publicado
por primera vez en Revista Teatrae Nro. 5. Santiago de Chile, Escuela
de Teatro, Univ. Finis Terrae)
OZIEL:
SÓLO TE CITO. SÓLO TECITO.
Está
vivo este texto. Tiene tensión adentro. Fuerzas encontradas,
numerosos contrapuntos le ordenan su forma profunda. Edipo Asesor
está constituido como una exploración de su propio
ser dual: el ser-Edipo.
Algunos de esos contrapuntos o dualidades:
• Descomunal show suculento; parodia que convierte
lo solemne en un cabaret:
LA COREOGRAFÍA PROTOCOLAR
DOS GLAMOROSAS Y OSADAS ASISTENTES REALES DESCORREN RELUCIENTES
CORTINAS: LLEGADA DESLUMBRANTE Y LUMINOSA DEL ASESOR OZIEL EN
EL HELICÓPTERO DE LA FAMILIA REAL A PALACIO. EL ANTIGUO
ASESOR JEREMÍAS LO RECIBE Y LO CONDUCE A UN SAUNA MIENTRAS
LAS DOS DESLIZANTES MUCHACHAS LOS DESPOJAN DE SUS ATUENDOS.
ATURDIDOS Y SIN LIBERTAD DE CONCIENCIA. INGRESAN TEMERARIAMENTE
A UN SENDERO HUMEANTE Y BAÑADO DE EMBRIAGADORAS Y PELIGROSAS
FRAGANCIAS PROVENIENTES DE ISTAMBUL Y EL VIEJO LUMACO.
•
Texto impuro. Coqueto y pecaminoso, promueve la cohabitación
de diferencias. Se extasía con el circo, la promiscuidad
y el mestizaje. Se excede y se despedaza de placer.
OZIEL:
Pasar de un estado neo-anarquista a un tipo de sociedad agrícola,
cooperativista, en fin, les tengo una solución a sus vidas,
¿qué le parece?
JEREMÍAS: Yo señor, echo de menos
la tersura del proletariado...
OZIEL: Yo señor, echo de menos la virilidad
de la clase media...
JEREMÍAS: Yo señor, extraño
usted ya sabe a quién... Por el momento, déjenme
hablarle un poco de los atributos de mi retórica.
OZIEL: Yo encantado, monsieur, pero mi mente
se ocupa de algo devastador hoy en día, por ejemplo, ¿sabe
usted dónde estará el centro, el origen de todo?
JEREMÍAS: Yo feliz de entablar una arenga
aquí con usted, pero debo ocuparme de satisfacer los apetitos
de una cierta baronesa esta tarde.
•
La voltereta irónica neutraliza cualquier conato de trascendencia
o afectividad fuerte.
JUDITH: ¿Por qué no me dice lo
que piensa? Es algo elemental. Su vida y la mía. ¿Cómo
la vivirá? ¿Cómo vivirá su vida usted
pequeño nada de la nada? ¿Le dan miedo mis reflexiones?
¿Me teme? ¿Métemela? Excuse me. Is the language.
The language.
• Hay trasiego casi físico con los signos. El texto
comenta su propio funcionamiento. La palabra repetida, autorreferente,
se pone frente a un espejo y se palpa. Esta excitación
del significante, se corresponde con una depresión
del significado.
OZIEL:
¿Debe confiar en sus instintos? ¿Ha venido alguien
más perspicaz que usted, monarca? Pregúntese esas
cosas, y otras más, y las más que pueda. Voy a hablarle.
Le hablaré. Esto no ha cambiado por el simple hecho de
o por. Mire, verá. ¿Se puede mezclar trabajo con
dolor? ¿Se puede batir placer con trabajo más desgarro?
Le voy a decir. Lo diré. ¿Cómo quiere que
sepa? Me planteaba la pregunta, eso es todo. Es todo lo que puedo
decirle.
(...)
CORO: Una obra así, con tantas preguntas,
¿es moralmente posible?
• Pero, vestigios de una discursividad vehemente y
fluida resisten a la degradación del sentido.
OZIEL: Le diré una cosa le diré
diciéndosela y dicha estará cuando se la diga no
sé qué será de usted de mí sí
de mí sí de mí de mí mucho será
lo que diré de mí pensaré pero de usted que
será pordiosero me da ternura su vacilación me trae
a la memoria la idea de la nada del vacío las tinieblas
su mirada aguijoneada por el dolor.
• Sin dejar de mirarse perversamente a sí mismo, el
discurso puede incurrir en un remolino de pasión:
NEO-TRAGEDIA DE SAÚL CON PROGRAMA EN VEZ DE DESTINO
CORO: Silencio inconveniente. Pausa. El Generalísimo
en Jefe fustiga al acusado con una mirada devastadora. Las cinco
de la tarde. Mantel para la once. Treinta años sin hablarse.
SAÚL: Lo busqué, hijo, ¿eso
lo sabe, no? Lo busqué. Trizado. Quebrado.
OZIEL: ¿Escuchó hablar de mí?
¿Ah, sí, ah? Me deja empapado. Me orino de felicidad.
Vivía el muy miserable, mientras yo agonizaba. Nunca una
lisonja, nunca una caricia, nunca una moneda, nunca un recurso
de amparo. Era su vástago. ¿Le molesto? Usted me
lanzó a las aguas, maldita sea, usted me rechazó,
usted máquina manipuladora, movediza, usted me hirió.
Se lo dije. Se lo dije. ¿Qué hago con sus calamidades?
Tercero: ¡devuélvame Living in the material world
de George Harrison! ¡Ochentón penoso! Se escabulle,
el polvoriento, el mugroso. Se infiltra dos o tres gramos de infusiones
malignas, y sus venas parecen carreteras. ¡Qué le
voy a hacer! ¿Oyó hablar de mí? ¿Oyó?
El discurso, a pesar de estar roto produce relato, articula el antes
y el después.
Veo sus viejos legajos y huelo las leyes podridas.
OZIEL: No quisiera insistir sobre el punto...
¿Sabe lo que pasó al comienzo, al inicio de todo?
Cambio de paisaje. Cambio de carácter. Lo que era una cosa,
fue otra. Los con sobrepeso adelgazaron. Los delgados engordaron
hasta reventar. Los tímidos florecieron. Los cancheros
se intimidaron. Los bondadosos se envilecieron. Los tramposos
se limpiaron. La televisión por cable se humanizó.
La televisión abierta se espiritualizó. Los McDonalds
se sofisticaron. Cambio de temperamento. Los que eran una cosa
fueron otra. Los que eran otra cosa fueron una cosa. Mi amor por
Judith se desvaneció. A la que amaba una vez no la amé
más. A la que deseaba la dejé de desear. ¿Sabe
exactamente lo que nos pasó?
Piense canalla. Piense.
JEREMÍAS: No sé qué decirle.
OZIEL: Piense cobarde, piense. Rápido
que se nos acaba el tiempo. Concluya algo delicado, hermoso, antes
de la hora final. Elucubre un pensamiento que nos inunde de amor.
¡Apúrese, canalla, apúrese!
• Los personajes proclaman su dualidad.
SAÚL: ¿Cuál es ese sentimiento
que creo reconocer? Ahora mismo vengo de la batalla. Adivinaste
que quería verte, vástago. Soy capaz de pasiones
profundas, no se equivoque hijo. Una perfección imperfecta.
¿Dónde están todos? Todo está demasiado
silencioso. No me gusta este presentimiento. No me gusta. ¡No
me gusto yo!
• No son exactamente personajes “individuos”;
no son sicológicos, sino ontológicos. Sin embargo,
Edipo (Oziel) y Judith sí evolucionan y se convierten en
sujetos de deseo. El castigo principal de Edipo
es no poder regresar a la apatía.
LA CALAMITOSA JUDITH INTERCEPTA AL INTRÉPIDO OZIEL,
QUIEN OCULTA SU CUCHILLO FURTIVAMENTE.
JUDITH: ¿Se va?
OZIEL: Pensé que usted se iba
JUDITH: ¿Nunca me estimó, ah?
OZIEL: ¿Nunca me apreció?
JUDITH: ¿Qué cree usted?
OZIEL: Yo le pregunto a usted. ¿Qué
cree usted?
JUDITH: ¿Se va, ah? Al final, se aleja.
Ya no es el que dijo ser. Ahora es otro, Oziel. El que yo conocí
una vez, ya no está más. Usted es otro. Yo soy otra.
¿Qué haremos?
OZIEL: Usted me excita cada vez más. ¿Lo
sabe, no? ¿Le gusta este nuevo estilo? ¿Sin pompa,
sin amaneramientos, sin manierismos?
JUDITH: ¿Le gusta mi nuevo estilo, sin crueldad,
sin moralinas? ¿Oziel, lo hago sentir culpable?
OZIEL: Judith, cada vez la amo más.
JUDITH: A la que una vez creyó amar, ya
no ama, Oziel.
OZIEL: ¿Me dejará?
JUDITH: Lo dejaré. ¿Está herido?
Es muy tarde para ocuparme de usted, de su neurosis. ¿Por
qué pierde su tiempo? Metafóricamente hablando, por
supuesto.
DICTÁMENES
El texto-Galemiri es posmoderno en tanto desconstruye,
fija su atención en las diferencias que hacen el discurso,
y las compara.
También es antropológico, en la
medida en que se instala en un registro muy corporal. Sugiere
una indagación escénica en las dinámicas
del erotismo y el poder; también en el impulso social que
hace fabular, contar historias, nombrar y ritualizar.
Y finalmente, el texto-Galemiri es político;
tiene un pie metido en la Historia.
JUDITH: Ahora soy la reina. Ahora soy odiada
y amada por igual. Ahora puedo ver. Antes no veía. Ahora
veo. Antes no sabía. Ahora sé. El incesto no cuenta.
Orden de investigar después del incesto. Durante el interregno
del incesto, se aplica la ley de amnistía. De la fornicación
para adelante, lo que quieran. Ahora me gustaría ahorrarme
la terapia. ¿Se puede olvidar un incesto, y dos, y mil
quinientos en territorio chileno? Mil quinientos incestos nacionales,
en un contexto de seis y medio millones de incestos globales,
¿es poco?
Sigo un tratamiento para dejar de sentirme incestuosa. Sigo
un tratamiento para dejar de ver mi incesto. A veces lo dejo
de ver. A veces lo vuelvo a ver. Es oscilante. Como mi estado
de ánimo.
Sigo un tratamiento para volver a ver a mi hijo. Sigo un tratamiento
para volver a sentirme madre. A veces lo vuelvo a sentir. A
veces no. Es oscilante. Como mi estado de ánimo.
• El pronunciamiento crítico de Galemiri es amargo
y lúcido.
JUDITH:
¿Hablemos de sexo? ¿Hablemos de la contrarrevolución?
La cuestión judía. La cuestión mapuche.
La cuestión chilena. ¿Qué cuestión
es?
Tomar
la materia trágica del Edipo, y darle una consistencia
tan lujuriosa, tan de payasada y anomia, poner a la vista tanta
imposibilidad de ser y conocer, es, obviamente, sospechar que
el Chile tecnología de punta oculta otro país, patético
y mal resuelto. Perdón por la obviedad.
LA NEO-BULIMIA
CORTINAS: LA CORONADA JUDITH Y EL DESTRONADO OZIEL ESTÁN
SENTADOS FRENTE AL TELEVISOR FLAT.
VOLUNTARIAMENTE ESCLAVIZADOS POR LA BULIMIA, MADRE E HIJO SE DAN
LA GRAN COMILONA CON TONELADAS DE MANÍ Y HELADOS DE LA
ESCARCHA Y SE PREPARAN A CONSUMIR DOCE MIL HORAS DE TELEVISIÓN
CABLEADA.
(...)
OZIEL: ¿Por qué me perdí
la meditación trascendental? ¡Y era barata! Qué
mala suerte. Una encuesta. ¿Quién no sufre? A:
La clase dominante. B: El proletariado. C: La pequeña
burguesía. ¿ En este asqueroso palacio, hay un
urinario limpio?
JUDITH: Me gustaría saber qué
hay detrás de sus vacilaciones.
OZIEL: Las preguntas más horribles.
LA CUESTIÓN ESCÉNICA
Un peligro de llevar a escena esta dramaturgia es que todo se
lo trague la espectacularidad. El director tendría que
buscar un modo de conectar el plano simbólico (lo que es,
sobre la escena, la representación de algo) con el acontecimiento,
o proceso real que moviliza a los actores y al público.
Un montaje de Edipo asesor que se someta demasiado a la justificación
sicológica y, también, a “aclararnos el sentido”,
corre peligro. Yo imagino para esta dramaturgia un trabajo teatral
concentrado en una especie de "poesía práctica",
corporal, de las convivencias.
El actor. ¿Cómo resolver el conflicto entre el movimiento
orgánico, “verdadero”, de su cuerpo y su mente,
y la necesidad de actuar el segmento, de actuar con verdad aquello
que está cortado de? ¿Cuándo
deja de estar viva la cabeza cercenada?
Eso se lo he visto hacer a escuelas de actuación que
privilegian, no la sicología, sino los procesos de “producción
de subjetividad”. Actuar no la sintaxis del sujeto, por
así decir, sino los devenires, las fugas, los estados (así
lo dice Eduardo Pavlovsky). Ese es otro tipo de coherencia actoral.
Y POR ÚLTIMO, LO NO EXPLICABLE
Lo otro, lo no conducente, lo que no hace historia, es el estado-Galemiri:
picoteo exquisito sobre el verde prado.
La gratuidad Galemiri. Lo intempestivo, patético y perfumado
de su poesía.
Santiago de Chile, abril 2002
(Publicado
por primera vez en Revista Teatrae Nro. 5. Santiago de Chile, Escuela
de Teatro, Univ. Finis Terrae)
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