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Una escritura desbordada

Por Carola Oyarzún
Investigadora teatral y académica Facultad de Letras.
Pontificia Universidad Católica de Chile

Este estudio precede a la obra El Coordinador, publicada en Antología: Un Siglo de Dramaturgia Chilena, Vol. IV, 1990-2009, que reproduce las mejores obras de la dramaturgia chilena de los últimos cien años, a cargo de la Comisión Bicentenario 2010.

El estreno de El coordinador(1) se realizó en el contexto del VIII Festival de Teatro organizado por el Instituto Chileno Norteamericano de Cultura (1993). Esta instancia premiaba distintas categorías que recayeron todas en esta obra, claro signo del lugar e importancia que tendría Benjamín Galemiri en la escena chilena de los años noventa y en adelante. Desde ese momento, el trabajo del autor -aproximadamente cuarenta obras- ha sido ininterrumpido, al igual que el reconocimiento recibido a través de premios nacionales e internacionales, e invitaciones a España. Francia. Alemania. Italia. Rusia. Brasil y Argentina para participar de estrenos y ciclos de sus obras, y realizar talleres de dramaturgia y otras actividades vinculadas al teatro.

Galemiri aparece en un momento político de importantes iniciativas para el campo teatral. El regreso de la democracia hizo posible la realización del Festival de Teatro de las Naciones (1993), evento de enorme impacto en el medio artístico chileno y que luego fue uno de los factores que motivó al gobierno a instaurar la Muestra de Dramaturgia Nacional (1994), con el objeto de impulsar la creación dramática. Este espacio de gran convocatoria demostró significativos frutos tanto en el plano de la escritura como en el de la escena, y Benjamín Galemiri fue seleccionado y presentado en varias de las versiones de la muestra, suerte de vitrina de las nuevas tendencias. El éxito de la Muestra sumado a otros concursos de dramaturgia y teatro (Fondart y Consejo del Libro) dieron como rasgo predominante la recuperación de la palabra y del dramaturgo, de lo cual Galemiri es, sin duda, un ejemplo.

Si uno de los rasgos más predominantes de la dramaturgia posmoderna es el diálogo simultáneo con los muy diversos campos de la cultura. Galemiri es el mejor exponente de una escritura de citas que se alimenta vorazmente del teatro y sus orígenes, de la música, de la filosofía, de la tradición bíblica, de la tecnología, de la contingencia nacional, de los medios de comunicación, de las modas, de las costumbres culinarias y, por sobre todo, del cine. La variedad de materiales y la libertad con que los utiliza no podría sino modelar historias desbordadas, como bien lo señala Jorge Díaz en la presentación de la primera antología del autor, “Galemiri pertenece a la raza de los incontenibles, vive en el territorio de la desmesura” (12).

Con la inspiración del cine francés, norteamericano e italiano mayormente, este dramaturgo compone la acción con un dinamismo extremo y sin restricción alguna para concebir los espacios más insólitos y cambiantes: de hecho, utiliza el término de locación para referirse a los lugares que escoge. En sus obras, con frecuencia encontramos algún símil cinematográfico (Marión y Brigitte en El coordinador), ya sea como rasgo de personalidad emblemático, de belleza única, de irresistible glamour y seducción, o. simplemente, como efecto espectacular. Galemiri arma superestructuras conflictivas, crea personajes altamente informados, hedonistas, erotizados y obsesivos del poder y la gloría, y por lo tanto, de la intriga a gran escala. En palabras del director teatral francés Matthias Langhoff. ”Las obras de Galemiri son desconcertantes y llenas de enigmas. Repletas de «historias» y de «Historia». No conocen la calma en su forma cerrada. El teatro deviene cine, el cine deviene teatro. (. . .) Los personajes de Galemiri se golpean, se ensucian, se persiguen, se violan con la palabra” (29).

El mundo dramático que Galemiri explora con gran ironía y humor y. dentro de un formato grandioso, invitante en teatralidad y fragmentario en esencia, es el de las relaciones de fuerza, dominación y opresión. En el ejemplo de El coordinador está presente el peso del control en la situación de encierro que viven cuatro personajes atrapados en un ascensor, cuyo movimiento arbitrario por los distintos pisos produce un efecto insoportable. En esta particular circunstancia emergen las características más marcadas de cada uno y se genera una dinámica de alianzas insospechadas frente al poder, representado por Marión, un manipulador profesional.

Desde el discurso del éxito, este personaje protagónico encarna al líder que defiende a toda prueba la imagen externa del individuo y su capacidad asertiva como únicas armas para tener un lugar en el mundo laboral y ser reconocido por el otro, en especial, la mujer, tema fundamental en las relaciones de poder. En este sentido, la entrada de Brigitte al ascensor es uno de los aciertos dramáticos, ya que como única figura femenina aumenta la perturbación y produce una suerte de guerra de machos dominados por el deseo, en la que ella resulta la más perjudicada. Este es el divertimento -presente en muchas de las obras de Galemiri en el que los personajes participan intensamente, por más cruel que sean los medios para alcanzar sus fines.

En El coordinador se insiste en la idea de los “ganadores”” y los “perdedores”, y el autor intuye el juego perverso detrás de las sofisticadas estrategias de empoderamiento, uno de los lemas que rige la conducta social del hombre de nuestros tiempos, especie de mandato implícito de las relaciones de toda índole. La escritura de Galemiri responde como la voz del exceso que interpreta este fenómeno y encuentra en la palabra y en la escena su mejor expresión; ello explica la búsqueda incesante de un lenguaje rico en superlativos, adjetivos grandilocuentes e hipérboles, el uso de clichés en inglés y también en francés y, en particular, la visibilidad de las acotaciones. Estas a menudo sustituyen el diálogo y toman la voz autoral que contiene a la historia y enjuicia a los personajes. Sus textos se reconocen por la elaboración y extensión de este discurso cada vez más desarrollado, gráficamente notorio por el uso de las mayúsculas y coherente con la “desmesura” de su concepción teatral. Para Eduardo Thomas. “En las obras de Galemiri el discurso didascálico configura nítidamente una voz autorial con todos los atributos de un narrador: ironiza, opina, califica y juega con el lenguaje: interpreta e informa: describe y narra, todo con tono humorístico. Supera ampliamente las funciones tradicionales de las didascalias, cobrando un valor paródico del texto dramático canónico, al que cuestiona en sus fundamentos.” (159)

Como habitante pleno de una época y de una nueva sensibilidad como la ha llamado Susan Sontag. Benjamín Galemiri se hace cargo de un mundo recargado de información, estímulos y modelos impuestos, y de la aceleradísima marcha de la sociedad de consumo en el país. Así. se instala en medio de la ráfaga mediática, económica y cultural para absorber y trabajar los múltiples referentes que de allí provienen, como un reconocible y paradigmático (palabra que utiliza en varias de sus obras posteriores al momento de anunciar a alguno de sus personajes protagónicos) representante de la posmodernidad, espacio de trasvasije de todos los textos y fuentes.

Siguiendo estos derroteros, podemos sugerir que la producción de aproximadamente cuarenta obras de Galemiri -vistas en su totalidad- constituye una suerte de collage de fragmentos a través de los cuales observamos el vasto conjunto de elementos que el autor examina y combina para componer sus escenas. Desfilan ante nuestros ojos: profetas de Israel junto a resplandecientes actrices y famosos actores ídolos del cine, políticos, empresarios y asesores, entre muchas otras variadas figuras. Así también se recorren lugares ficticios o paisajes chilenos, y aparecen las calles céntricas de la ciudad de Santiago o alguno de los exclusivos barrios de nuestra capital, que son vistos a la manera de zoom o travelling, mientras los personajes se dirigen hacia un asunto judicial, comercial o amoroso, previo a haber gozado de algunas delicias árabes o judías, junto a las aceitunas de Azapa, pisco sour y empanadas locales.

Esto es parte del caudal de la dramaturgia de Benjamín Galemiri que nos da a conocer los juegos del poder, las adhesiones más absurdas y las corrientes más snob. Sabe distinguir este mundo con todo el humor y asedio necesarios: lo exhibe aumentado v saturado.

Bibliografía

Díaz, Jorge. Prólogo. Antología. Santiago: Ediciones Universidad de Chile, 1998.
Langhoff. Matthias. Prólogo. Obras completas. Santiago: Ukbar, 2007.
Thomas, Eduardo. “Función de las didascalias en los textos dramáticos de Benjamín Galemirr. Anales de Literatura Chilena 8. Facultad de Letras UC(2007): 155-167.

(1) A cargo del grupo Bufón Negro bajo la dirección do Alejandro Goic.